La Inofensividad
Agosto 18th, 2008 Posted in Alice A. Bailey | No Comments »
Alice A. Bailey y el Maestro Tibetano
Alice A Bailey nació en Manchester en 1880 y murió en 1949. En su Autobiografía Inconclusa menciona como le impresionó el primer encuentro que tuvo con el maestro Koot Humi cuando tenia 15 años de edad. De mayor, mediante transmisiones telepáticas, otro maestro ( Djwal Khul ) le dictaría un conjunto de libros de contenido espiritual.
Bailey también escribió diversos libros, como por ejemplo “Del intelecto a la Intuición”.

Su maestro, conocido también como el maestro “El Tibetano”, Djwhal Khul, permaneció siempre en la sombra. La enseñanza y sabiduría de sus escritos permanece perenne destinada al presente y al futuro inmediato. Su obra va desde indicaciones claras y precisas respecto al camino espiritual: “Tratado de magia Blanca”, a una psicología esotérica fundamentada en el conocimiento de los siete rayos (5 tomos), y diversas indicaciones sobre el “Discipulado de la Nueva Era”(2 tomos).
Su obra es tan basta que requiere de largo tiempo de estudio y se hace imposible de resumir en pocas palabras.
A modo de ejemplo adjuntamos unas reflexiones que él hizo sobre la inofensividad.
“Si la inofensividad es la nota clave de sus vidas, podrán producir más condiciones armónicas en la personalidad, que cualquier disciplina en otras líneas. La depuración drástica obtenida al alcanzar la inofensividad ayudará mucho a eliminar estados erróneos de conciencia.
La inofensividad… es la fuerza más poderosa que existe en la actualidad. No me refiero a la no resistencia, sino a esa actitud mental positiva del que no piensa mal. El que no tiene malos pensamientos ni hace mal a nadie es un ciudadano del mundo de Dios.
La inofensividad prepara el camino para que fluya la vida; elimina las obstrucciones que impiden la libre afluencia del amor y es la llave que libera la naturaleza inferior de las garras de la ilusión mundial y del poder de la existencia fenoménica.
La inofensividad produce, en la vida, cautela en el juicio, reticencia al hablar, habilidad para abstenerse de toda acción impulsiva y demuestra un espíritu exento de crítica. De esta manera, las fuerzas del verdadero amor y también esas energías espirituales que parecen vitalizar la personalidad pasarán libremente y, en consecuencia, conducirán a la acción correcta.
Estudien su conducta diaria, sus palabras y pensamientos, hasta lograr ser completamente inofensivos. Oblíguense a pensar sobre esas ideas, respecto a ustedes y a los demás, para que sean constructivas y positivas y, por lo tanto, de efectos inofensivos. Examinen el efecto emocional que ustedes producen sobre otros, de manera que ningún estado de ánimo, de depresión ni de reacción emocional pueda dañar al semejante. Recuerden, en conexión con esto, que la aspiración espiritual violenta y el entusiasmo mal aplicado o mal orientado pueden fácilmente herir a un semejante; por lo tanto, cuiden sus tendencias erróneas y no sólo sus virtudes.
La inofensividad a que me refiero, concerniente a ustedes, no es la actividad negativa, dulce o bondadosa, como muchos creen. Es un estado mental que, de ninguna manera, niega la acción firme y hasta drástica. Concierne al móvil e involucra la determinación de que el móvil detrás de toda actividad debe ser la buena voluntad. Este móvil puede conducir a hechos y palabras positivas, a veces desagradables, pero como la inofensividad y la buena voluntad condicionan el acercamiento mental, no puede surgir otra cosa que el bien.
Quien trate de practicar esa inofensividad positiva, que se manifiesta en el correcto pensar (por estar basado en el amor inteligente), en el correcto hablar (por estar regido por el autocontrol), en la correcta acción (por estar fundada en la comprensión de la ley), descubrirá que tal tentativa exigirá todos los recursos de su ser y tomará mucho tiempo para realizarlo. No es la inofensividad que proviene de la debilidad y de una disposición sentimental y afectiva, que rehúye las molestias, porque trastorna la armonía establecida de la vida y conduce a la consiguiente inofensividad. No es la inofensividad del hombre o mujer negativos, impotentes y poco evolucionados, que no tienen el poder de perjudicar, por estar mal equipados para hacer daño.
Al contrario, la inofensividad brota de la verdadera comprensión y control de la personalidad por el alma, la que lleva inevitablemente a la expresión espiritual en la vida diaria. Emana de la capacidad de penetrar en la conciencia y en la comprensión de nuestro prójimo y, cuando se ha logrado, todo se perdona y se pierde de vista en el anhelo de ayudar y auxiliar.
Por lo tanto, habrán visto por qué he señalado tan enfáticamente la necesidad de la inofensividad, pues es el método científico por excelencia, hablando esotéricamente, de limpiar la casa y purificar los centros. Esta práctica limpia los canales obstruidos y permite la entrada de energías superiores”.
- Cuestiones sobre la Vida y la Muerte. Mp3 en Inglés, aquí.
- Ser los artistas de nuestras vidas. Mp3 en Inglés, aquí.
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